![]() |
|
Se trata de una de las más sugestivas pinturas realizadas en Sicilia por Michelangelo Merisi, apodado Caravaggio, tras su precipitada fuga de Malta. El lienzo recoge a los personajes de este milagro en primer plano con un fondo oscuro que deja adivinar el ambiente arquitectónico de una iglesia. Figura un Cristo que, con el rostro en la sombra y el índice dirigido imperiosamente hacia el cuerpo de Lázaro, recuerda la Vocación de San Mateos en la Capilla Contarelli de San Luis de los Franceses de Roma, inspirada a su vez en el gesto de la Creación de Adán de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina del Vaticano, así como la tristeza de la expresión recuerda el Descendimiento del último Tiziano, destinado a su propia tumba.
Caravaggio que, solía recurrir a algunos motivos compositivos precedentes, entregó su Resurrección, por encargo del banquero Giovan Battista de’ Lazzari, a los Padres Crucíferos mesineses en 1609, para colocarla en el altar mayor de su iglesia, dedicada a San Pedro y San Pablo de los Pisanos. El tránsito de la muerte a la vida, tema central del cuadro, se vincula a la asistencia a los enfermos terminales por parte de los Crucíferos, que documentan la curación de un muchacho moribundo, un momento de excepcional fervor religioso inmortalizado por Caravaggio.
Y ahora, ultimadas las intervenciones que han durado ocho meses, la obra se expone en el gran Salón de Honor, restaurado, a su vez, al lado de la Capilla Valadier del palacio Braschi.
Tras su exposición hasta el 15 de julio en el Museo de Roma, volverá de forma permanente a Messina, para acompañar otra obra maestra de Merisi, que allí también se conserva, La Adoración de los Pastores.
Carmen DEL VANDO BLANCO
No hay comentarios:
Publicar un comentario
El arte une a los seres humanos